19 Sep, 2014 | Psicologia
Carmen quería venir a mis sesiones de meditación en grupo, pero su marido siempre estaba enfermo. Me comunicaba su intención de venir y que sentía que no podía, debía cuidarle a él. Cuando murió el marido, al cabo de unos meses pensé: “Ahora vendrá”. Pero me dijo que debía cuidar al perro, y cuando éste murió tuvo un nieto a quien atender. Su deseo era unirse al grupo de meditación, pero nunca lo consiguió. Finalmente Carmen murió sin haber participado activamente en el grupo.
¿Quién mandaba en la vida de Carmen? ¿Su marido, su perro, su nieto? ¿Su responsabilidad excesiva? ¿Sus bloqueos, su falta de voluntad, sus miedos? ¿Utilizaba a los demás como excusa? ¿Era perezosa? La gran pregunta es: ¿quién y qué gobierna en nuestra vida? Cuando las circunstancias se apoderan de nosotros y nuestra voluntad flaquea, parecemos un navegante a la deriva, dirigido por los vientos y las corrientes externas. Tenemos buenos propósitos, pero parece que se quedan en meras intenciones que no llevamos a la práctica. Queremos adelgazar y no lo conseguimos. Nos proponemos ser más ágiles y flexibles, pero nos falta disciplina. Queremos descansar y nuestros pensamientos nos atormentan. Y así un sinfín de propósitos incumplidos, “dominados” por diversas causas.
Cuando el mundo nos parece una amenaza o un lugar donde se gesta un sufrimiento tras otro, buscamos mecanismos de huida y evasión. Son dependencias que mandan sobre nuestra vida, sean adicciones a la droga, al juego, al poder, al sexo, a la velocidad, a las personas, a la acción desenfrenada o a las compras compulsivas.
Es cierto que topamos con contingencias como accidentes, tsunamis, tormentas, atascos, muertes súbitas, y un sinfín de contratiempos que cambian el rumbo que teníamos previsto y mandan sobre nuestra vida en ese momento. Sin embargo, podemos elegir actitudes y comportamientos que se centren en nuestro poder personal y en nuestra capacidad creativa para superar el sentimiento de impotencia e indefensión.
¿Quién maneja el timón? Un experto en neurociencia nos dirá que nos gobiernan el inconsciente y las neuronas; otro nos dirá que son las hormonas quienes mandan en lo que hacemos y en cómo estamos. Pero ¿son nuestras creencias y percepciones las que inciden en nuestras decisiones? Según el maestro budista Thich Nhat Hanh, las percepciones, las formaciones mentales y los hábitos determinan nuestra felicidad y nuestro sufrimiento. Debemos cuestionarlos para liberarnos de percepciones erróneas, de las formaciones mentales (como son las creencias y las suposiciones) que nos provocan sufrimiento innecesario.
Podemos aprender de la naturaleza. Las plantas ascienden buscando la luz que les da vida, pero hunden sus raíces en la tierra que las nutre. Conectados con nuestra “savia” interior, el núcleo vital que nos mueve, afrontamos las dificultades convirtiéndolas en oportunidades para seguir creciendo. Esto es posible cuando nutrimos actitudes que brotan de nuestro núcleo vital y lo retroalimentan. Desde la aceptación, la escucha y la apertura, podemos acoger al otro, comunicarnos y crear puentes de reconciliación. Por el contrario, si nuestras actitudes son de frustración, resignación y culpabilización, nos desconectamos de lo que nos revitaliza, rechazamos al otro y la comunicación es difícil. Cuando estas actitudes invaden nuestro mundo interior, somos menos creativos y acabamos enfermando o viviendo desvitalizados, en un malestar permanente.
Nuestro modo de percibirnos a nosotros mismos y al otro determina nuestra actitud y gobierna nuestro pensamiento. ¿Cómo veo al otro? ¿Como una amenaza, un enemigo o un inepto? ¿Como una fuente de conflicto? ¿Como una oportunidad y una posibilidad de aprendizaje y de intercambio? ¿Cómo me veo a mí mismo? ¿Sin valor, indefenso, incapaz? ¿O bien me veo con vitalidad y fuerza interior, con confianza en mí mismo? Las percepciones nos condicionan, es por este motivo que sugiero cuestionarlas y no creer que siempre tenemos razón en cómo vemos las situaciones y a las personas. Todo es relativo según el punto de mira. Elijamos miradas que nos den esperanza, nos fortalezcan y nos ayuden a avanzar. Dirijamos nuestra atención hacia lo que nos abre y da oportunidades, en vez de quedarnos encallados en lo que no funciona.
¿Es necesario sentirnos presionados en el trabajo, en las relaciones, en los estudios? Francamente, no. Se trata de evaluar y cambiar nuestras creencias. Cuando pensamos que algo “malo” puede ocurrir si no alcanzamos el objetivo que nos proponemos o nos proponen, nos sentimos presionados. El miedo al fracaso nos genera presión. El temor a ser abandonados nos lleva a cumplir las expectativas de los demás. A veces nos forzamos a nosotros mismos creyendo que un poco de presión es bueno para lograr lo que queremos. Pero a la larga este hábito de exigirnos nos deja agotados. Trabajar bajo presión reduce nuestras habilidades de pensar con claridad, discernir bien y actuar correctamente. Hasta que uno no se da cuenta, no se propone cambiar el hábito.
Mientras culpe a las situaciones, a las expectativas de los demás y a las fechas de entrega que me imponen en el trabajo o en los estudios como causantes de mi estrés, poco podré hacer para cambiar el hábito. Puedo cumplir el objetivo con ansiedad, presión, estrés, agobio y prisas, o bien con confianza, determinación, entrega y perseverancia, manteniendo la calma. Depende de mí cómo lo viva.
Para aliviar la presión, pregúntese: ¿por qué me siento presionado? Observe el sentimiento. ¿De dónde surge? ¿De qué tiene miedo? Pararse a observar le ayudará a frenar el sentimiento que está creando. Descubra qué creencias están detrás del sentimiento de presión que siente. “Quizá no llegaré a tiempo”. “Si no lo entrego a tiempo, perderé el trabajo”. “Si no hago esto, dejarán de apreciarme”. En este tipo de pensamientos existe el miedo a perder algo si no logra satisfacer unas expectativas. Este miedo ejerce una presión que reduce su capacidad de lograr sus objetivos. A veces basta hablarlo con la persona que supuestamente está ejerciendo la presión y veremos que gran parte de lo que sentíamos era innecesario, y que la pérdida que temíamos no sucede. Al expresarnos, abrimos una vía de entendimiento y se reduce la presión. Aprendamos a cambiar el curso de nuestros pensamientos para salir de los miedos que subyacen a los sentimientos de agobio y presión. Confiemos.
Detenerse, observar, reinterpretar, reevaluar, controlar pensamientos y sentimientos y cambiar creencias requiere energía. No una energía que obtendremos de fuera, sino de la vitalidad y autenticidad que llevamos dentro. Es la energía vital que se mueve cuando nuestra voluntad actúa. Haga un trato consigo mismo: decida no presionarse inútilmente y cree pensamientos positivos y actitudes proactivas que le permitan vivir mejor y encontrar soluciones más beneficiosas para todos. De nada le sirve quedarse invadido por la rabia, el miedo y la tristeza que le paralizan. Aprenda a vivir en el índice de 4:1, por cuatro emociones y actitudes positivas, una negativa. La psicóloga Barbara Fredrickson asegura que si logramos invertir el índice 1:4, una emoción positiva por cuatro negativas, y vivimos en 4:1, nuestra mente será más creativa, innovadora y adaptable a los imprevistos.
Para mandar en nuestra vida, debemos gobernar nuestra capacidad de pensar y de sentir. Generemos pensamientos elevados, positivos, inspiradores y creativos, y permitámonos sentir más alegría, inspiración, admiración, asombro, aprecio, gratitud, esperanza, interés y diversión. Se trata de ser consciente de lo que está pensando y sintiendo, y cuando se dé cuenta de que sus pensamientos no son saludables, respire, pare, recuerde momentos de vitalidad, busque lemas que le inspiren y le fortalezcan. Y vívalos.
Caminos a la transformación.
El primer paso para lograr el dominio sobre uno mismo es tener la voluntad de conseguirlo. Hay que ejercitar el poder mental para canalizar los pensamientos de manera positiva. La meditación nos conduce hacia nuestro núcleo vital. También nos ayudan las afirmaciones y la visualización, que consiste en crear imágenes positivas en la mente para fortalecer nuestra voluntad de alcanzar aquello que nos afirme de forma positiva. Cuestionemos nuestras creencias y percepciones, y lograremos aliviar los sentimientos de agobio y presión. Procuremos no dejarnos llevar por tendencias de huida y distracción. Centrémonos en este compromiso. Aprendamos el arte de apreciar y pensar en positivo. Con ello nos fortaleceremos y sentiremos seguros. Nuestro caminar por el mundo será más digno, y nuestra presencia, transformadora.
Cambia la forma de mirar las cosas y las cosas a las que miras cambiarán” Wayne Dyer
Fuente: El País Semanal (15 SEP 2014)
4 Sep, 2014 | Psicologia
¿Te sonrojas cada vez que alguien dice algo bueno de ti?, muchas personas más que disfrutar un cumplido, se sienten avergonzadas o que no tienen derecho a que los demás se expresen algo positivo respecto a ellos, pero, ¿por qué te cuesta recibir un halago?
De acuerdo con un estudio realizado por el sitio Soulpancake, por más simples que sean los cumplidos tienen el poder de elevar la autoestima de las personas hasta en un 34%.
Cuando no todo es color de rosa…
Diversos psicólogos aseguran que existen muchos factores por los que una persona no acepta los cumplidos de una forma positiva y en lugar de disfrutar de un bienestar, crean emociones negativas.
- Autoestima. De acuerdo con Guy Winch, psicólogo clínico y autor de “Emotional First Aid’, explica que las personas que se incomodan al recibir un halago es porque tienen una baja autoestima.
- Desconfianza. La psicóloga Susan Quilliam asegura que existen personas que piensan que los cumplidos se dicen para ser amables con los demás o porque sienten lástima por ellas.
- Falsa modestia. El psicólogo Jan Schaummann señala que algunas personas consideran que detrás de esas palabras existe algún interés escondido.
- Familiaridad. Las personas piensan que las palabras positivas se expresan por ser buenos amigos o porque existen un lazo de amistad o de afecto.
- Cuestiones culturales. Influye el contexto en el que ha crecido la persona, es decir, la educación que brindan los padres desde la infancia.
Ten en cuenta que aceptar los cumplidos o halagos no te hacen una persona arrogante, sino que beneficia a tu salud emocional y mental, así que la próxima vez que alguien hable bien de ti, sólo agradece sinceramente.
Y tú, ¿qué haces cuando alguien te dice un cumplido?
Fuente: bienestar.salud180.com (27-08-2014)
5 Ago, 2014 | Psicologia
Para alcanzar la felicidad es preciso que seamos capaces de valorar ciertas cuestiones del día a día, sencillas pero satisfactorias, y que normalmente sólo apreciamos cuando las perdemos. Suele afirmarse que la felicidad reside en saber disfrutar de las pequeñas cosas, pero para ello, primero hay que identificarlas, potenciarlas y asegurarse de que se convierten en placenteros hábitos. Sí, la felicidad también es un hábito y hay que saber enfocar la mente en el aquí y el ahora.
Adoptar una actitud mental de “aquí y ahora” nos permite disfrutar de las cosas más cotidianas para ser más felices.
Aunque es difícil generalizar, pues los elementos que más contribuyen al bienestar inmediato son subjetivos, existe una serie de costumbres o experiencias comunes que, según las investigaciones, hacen felices a la mayoría de personas. He aquí una lista de las actividades más eficaces parar incrementar nuestro bienestar cotidiano.
Socializar, practicar sexo y hacer ejercicio físico.
Las mayores cotas de felicidad se alcanzan cuando se realiza alguna de estas tres actividades, según se deduce de un estudio de la Universidad de Harvard realizado por los psicólogos Matthew A. Killingsworth y Daniel T. Gilbert sobre una muestra de más de 5.000 personas originarias de 83 países diferentes. Unas conclusiones que ratifican los resultados de otras investigaciones previas y que asocian la concentración y la atención en una única actividad con los niveles de bienestar. Cuanto más dispersa esté nuestra mente, más infelices seremos, y viceversa, como también insisten Manel Baucells y Rakesh Sarin en Engineering Happiness: A New Approach for Building a Joyful Life.
El sentido del humor tiene un fuerte valor terapéutico, pero el mero hecho de sonreír es un hábito que nos ayudará a enfocar las situaciones desde una óptica mucho más positiva.
“Una mente concentrada es una mente feliz”, como se asegura en un estudio de la Universidad de Harvard. La investigación concluyó que los trabajadores que están pensando en algo distinto a la tarea que realizan (un 46% según sus cálculos) eran mucho más infelices. La capacidad para concentrarse tiene unos efectos emocionales positivos, por lo que merece la pena intentarlo para alcanzar la felicidad. Por otra parte, pocas dudas existen sobre el hecho de que tener relaciones sexuales es una de las actividades que más felices hacen a la gente. Según un estudio empírico publicado en la American Economic Review, el sexo está el primero de la lista de una serie de 20 actividades asociadas a la felicidad.
Sonreír y potenciar el sentido del humor.
El sentido del humor tiene un fuerte valor terapéutico, pero el mero hecho de sonreír es un hábito que nos ayudará a enfocar las situaciones desde una óptica mucho más positiva. Al tiempo que ayuda a desdramatizar las situaciones difíciles y a potenciar los buenos momentos, el humor ayuda a pensar de forma racional, proporciona sentimientos positivos de alegría y gozo, así como nuevas herramientas para afrontar los problemas. Por tanto, reírse refuerza las emociones positivas y contrarresta las negativas. Puede parecer exagerado que el simple hecho de cambiar la expresión facial para sonreír altere tanto y tan rápido nuestro estado de ánimo, pero así lo concluyen la mayoría de estudios.
Las personas que más sonríen a lo largo del día, aunque no sea de forma demasiado natural, tienen una actitud ante la vida mucho más positiva y optimista que aquellos que, por el contrario, se muestran más serios o tristes. En un estudio publicado en el en la revista científica Cognition and Emotion se explica que estos gestos activan en el subconsciente recuerdos del pasado asociados a la felicidad.
El sentido del humor tiene un fuerte valor terapéutico, pero el mero hecho de sonreír es un hábito que nos ayudará a enfocar las situaciones desde una óptica mucho más positiva.
Evitar compararnos con quien es superior a nosotros.
La siesta es esencial para aquellos que necesitan un poco de relajación, aminorar el estrés y la ansiedad
Las comparaciones son odiosas, máxime cuando se tratan de establecer con alguien que está en una situación de superioridad. Según una investigación de la psicóloga del Cognitive Behavioural Therapy Associates, Isabelle Bauer, cuando nos comparamos con personas que están en mejor situación que nosotros sólo conseguiremos sentirnos mal. Por el contrario, y aunque parezca un tanto políticamente incorrecto, suele reportar sensaciones satisfactorias el hecho de compararse con quien está en peor situación.
Quizá por este motivo, ayudar a personas que estén en peor situación que nosotros aumenta los niveles de felicidad. Y es que los comportamientos altruistas generan empatía y permiten que apreciemos mucho más lo que tenemos, como se concluye en el estudio Doing well by doing good. The relationship between formal volunteering and self-reported health and happiness.
Ejercitar la mente.
Realizar tareas cognitivas complejas, principalmente aquellas relacionadas con las matemáticas, permiten mejorar el estado de ánimo y aplaca las emociones negativas. Nada mejor que ponerse a calcular la declaración de la renta cuando se te pase por la cabeza volver con tu ex…
Dormir la siesta.
La siesta es esencial para aquellos que necesitan un poco de relajación, aminorar el estrés y la ansiedad. La gran mayoría de los mamíferos están biológicamente programados para dormir durante breves períodos a lo largo del día, por lo que la siesta es una pulsión natural que no se debería eludir.
Según los resultados de este estudio, publicado en el Journal of Sleep Research, las personas que duermen diariamente la siesta son capaces de recordar mejor los conceptos aprendidos durante el día que el resto y tienen una mejor capacidad para afrontar y resolver problemas complejos, sobre todo si se alcanza la fase REM. En definitiva, la siesta no es una pérdida de tiempo, sino todo lo contrario, pues contribuye a que seamos más felices y encararemos de una forma más positiva el resto del día.
Ref. El Confidencial 17/07/2014
23 Jul, 2014 | Psicologia
Correos a cualquier hora del día (y la noche), llamadas continuas, ‘dead lines’ imposibles. Desde que nos levantamos hasta que nos ponemos el pijama, la jornada laboral nos invade de pleno. El estrés es uno de los responsables del cansancio, el mal humor y las represalias. Hablamos con una experta de su incidencia real y de algunas fórmulas prácticas para controlarlo.
“El estrés es una situación de estado del organismo caracterizado por la tensión o falta de tranquilidad ante una posible amenaza o presión externa, bien sea real o imaginaria”, explica Itziar Digón, psicóloga especializada en nutrición y buenos hábitos de vida del centro madrileño Tacha.
Según los expertos, cierto grado de estrés es normal e incluso necesario, ya que ayuda a madurar y avanzar. El problema surge cuando la tensión propia del estrés desemboca en desasosiego. Es entonces cuando se convierte en un problema. En palabras de Marc Zollicoffer, director de formación de Aveda, la sociedad actual hace que el ciudadano esté en constante estado de huida o lucha y no fomenta que éste dedique tiempo suficiente al descanso y a la regeneración.
Los síntomas del colapso
Mentales: tensión, irritabilidad, problemas de concentración, cansancio excesivo, problemas de sueño, preocupación, tristeza…
Físicos: boca seca, aumento de la frecuencia cardiaca, malestar estomacal, deseo frecuente de orinar, palmas de las manos sudorosas, dolor de espalda, tensión muscular que puede causar contracturas y dolor, mareos, problemas para respirar.
¿Se puede erradicar?
No podemos vivir sin estrés, pero, según Digón, existen algunas pautas y hábitos de vida que ayudan a controlarlo. Estas son algunas:
- Incorporar actividades que renueven tanto física como psicológicamente; descanso, actividades de ocio, técnicas de relajación, deportes como andar o nadar. Según Digón, siempre es más fácil añadir nuevas conductas que eliminar antiguas.
- Mantener una dieta saludable y evitar el abuso de cafeína y alcohol -enemigos acérrimos de las mentes estresadas.
- Ponerse límites. Nadie es perfecto ni tiene por qué serlo. “Hay que aprender a distinguir entre lo que se puede hacer y lo que es imposible o no está a nuestro alcance”, asegura la psicóloga.
- Priorizar las actividades para gestionar el tiempo de forma más eficaz.
- Ser permisivo con los sentimientos y aprender a decir no.
- Equilibrar obligaciones y placeres.
- Premiarse cuando se ha alcanzado un objetivo.
- Verbalizar los sentimientos. La expresión oral es el principio de la cura de muchos problemas menores que, si permanecen ocultos, pueden hacerse cada vez más grandes…
Ref. El Mundo 12/07/2014
14 Jul, 2014 | Psicologia
Cuando comenzamos una relación de pareja todo marcha sobre ruedas pero más tarde, con el paso del tiempo y la convivencia, comienzan a aparecer los problemas. Si no estamos atentos, comenzaremos a distanciarnos y un buen día nos daremos cuenta de que son más las cosas que nos separan que aquellas que nos unen.
Esto se debe a que, de manera inconsciente, damos por hecho que la otra persona siempre estará ahí, que una vez que la hemos conquistado es nuestra. Sin embargo, lo cierto es que la relación de pareja es algo que se debe alimentar día tras día y, si no lo hacemos, corremos el riesgo de alejarnos emocionalmente, de convertirnos en dos extraños.
La buena noticia es que existen pequeñas cosas que nos ayudan a conectar con nuestra pareja y mantenernos unidos como si fuese el primer día. ¿Cuáles son?
1. Hacer cosas juntos
Puede parecer una verdad de Perogrullo pero lo cierto es que la mayoría de las parejas que llegan a una consulta de Psicología buscando ayuda han seguido un camino común que las ha conducido al borde de la ruptura: han dejado de hacer cosas juntos. Cada cual se ha sumergido en su trabajo y su círculo de amigos dejándole cada vez menos espacio al otro. Como resultado, se limitan a compartir una serie de hábitos hogareños pero han dejado de disfrutar de actividades verdaderamente gratificantes en compañía.
Por tanto, una condición esencial para mantener viva la relación de pareja es hacer cosas juntos, no me refiero a un viaje o una cena, sino a introducir pequeños cambios en la rutina cotidiana para incluir al otro. La clave está en volver a redescubrir el placer de involucrarse en actividades juntos, en compartir espacio y emociones estando plenamente presente para el otro.
2. Propiciar el contacto físico.
La mayoría de las personas no lo nota porque es un cambio que ocurre de manera paulatina pero con el paso del tiempo el contacto físico en la pareja disminuye. No me refiero a la relación sexual sino al mero hecho de estar cerca el uno del otro. Sin embargo, recuerda que los abrazos, los roces, las caricias y la simple cercanía nos hace felices por lo que nunca escatimes en mostrar tu amor de esta manera. El tacto es una de las maneras más primitivas y viscerales de conocer a alguien y en una relación de pareja es fundamental.
3. Ser detallistas.
Hay personas más románticas que otras pero ser detallistas no tiene nada que ver con el romanticismo sino más bien con el mantenerse atentos a las necesidades de la pareja. Preguntarle cómo se siente, ayudarle a solucionar los problemas (incluso si parecen intrascendentes) o sorprenderle con detalles que le hacen feliz son pequeñas maneras para comunicar nuestro amor y mantener esa conexión emocional.
4. Compartir los intereses del otro.
Cada persona es un mundo y es inevitable que a tu pareja le agraden cosas que a ti no te gustan. Sin embargo, si tiene una pasión y sabes que para él o ella es importante, de vez en cuando puedes mostrar interés. No se trata de que finjas sino que intentes comprender su pasión y que te intereses por lo que hace. Eso aumentará vuestro grado de intimidad y compromiso, os acercará aún más y consolidará vuestros lazos. Obviamente, tu pareja también debe estar dispuesta a hacer lo mismo por ti.
5. Hacerle reír.
La risa libera endorfinas, unas hormonas que actúan como si fuesen un calmante natural propiciando un agradable estado de relajación y tranquilidad. Además, a través de la risa conectamos con los demás, capturamos su atención y hacemos que esa persona quiera estar a nuestro lado. De hecho, si miras atrás, te darás cuenta de que al inicio de la relación ambos reíais mucho, lo cual significa que disfrutabais estando juntos y que os esforzabais por agradarle al otro. Por tanto, es importante que mantengas ese espíritu.