Correos a cualquier hora del día (y la noche), llamadas continuas, ‘dead lines’ imposibles. Desde que nos levantamos hasta que nos ponemos el pijama, la jornada laboral nos invade de pleno. El estrés es uno de los responsables del cansancio, el mal humor y las represalias. Hablamos con una experta de su incidencia real y de algunas fórmulas prácticas para controlarlo.

«El estrés es una situación de estado del organismo caracterizado por la tensión o falta de tranquilidad ante una posible amenaza o presión externa, bien sea real o imaginaria», explica Itziar Digón, psicóloga especializada en nutrición y buenos hábitos de vida del centro madrileño Tacha.

Según los expertos, cierto grado de estrés es normal e incluso necesario, ya que ayuda a madurar y avanzar. El problema surge cuando la tensión propia del estrés desemboca en desasosiego. Es entonces cuando se convierte en un problema. En palabras de Marc Zollicoffer, director de formación de Aveda, la sociedad actual hace que el ciudadano esté en constante estado de huida o lucha y no fomenta que éste dedique tiempo suficiente al descanso y a la regeneración.

Los síntomas del colapso

Mentales: tensión, irritabilidad, problemas de concentración, cansancio excesivo, problemas de sueño, preocupación, tristeza…

Físicos: boca seca, aumento de la frecuencia cardiaca, malestar estomacal, deseo frecuente de orinar, palmas de las manos sudorosas, dolor de espalda, tensión muscular que puede causar contracturas y dolor, mareos, problemas para respirar.

 

¿Se puede erradicar?

No podemos vivir sin estrés, pero, según Digón, existen algunas pautas y hábitos de vida que ayudan a controlarlo. Estas son algunas:

  • Incorporar actividades que renueven tanto física como psicológicamente; descanso, actividades de ocio, técnicas de relajación, deportes como andar o nadar. Según Digón, siempre es más fácil añadir nuevas conductas que eliminar antiguas.
  • Mantener una dieta saludable y evitar el abuso de cafeína y alcohol -enemigos acérrimos de las mentes estresadas.
  • Ponerse límites. Nadie es perfecto ni tiene por qué serlo. «Hay que aprender a distinguir entre lo que se puede hacer y lo que es imposible o no está a nuestro alcance», asegura la psicóloga.
  • Priorizar las actividades para gestionar el tiempo de forma más eficaz.
  • Ser permisivo con los sentimientos y aprender a decir no.
  • Equilibrar obligaciones y placeres.
  • Premiarse cuando se ha alcanzado un objetivo.
  • Verbalizar los sentimientos. La expresión oral es el principio de la cura de muchos problemas menores que, si permanecen ocultos, pueden hacerse cada vez más grandes…

 

Ref. El Mundo 12/07/2014